Silvia Mascaray es la promotora del centro de creación artística Casa Garcés, un nuevo espacio cultural sin ánimo de lucro ubicado en una casa que acaba de rehabilitar en el casco urbano de Berdún. La apertura del centro viene a plasmar una de las grandes ilusiones de su vida y canaliza toda la experiencia que adquirió en los últimos 35 años en calidad de gestora cultural, al tiempo que se formó como actriz y narradora. Gracias a su trabajo estuvo en contacto con autores de varias disciplinas durante su proceso de creación y se propone intensificar esa labor a través de las residencias artísticas que va a ofertar entre primavera y otoño. El artista caminante Quim Corvo y la diseñadora Macu Benetti fueron los primeros creadores que pasaron por las instalaciones, volcando su ingenio en proyectos que dejan huella en el territorio.
Silvia se fue a Madrid desde Zaragoza, su lugar de nacimiento, para acabar la carrera de Psicología. Desde entonces vivió en tierras madrileñas y los últimos 25 años trabajó para el Ayuntamiento de Colmenarejo como técnico de Cultura, “teniendo la oportunidad de impulsar proyectos con artistas en los ámbitos de la formación y la creación”.
“Volver a Aragón, tras más de 35 años en Madrid, es volver a casa. En Huesca nacieron mis padres y su herencia me permitió realizar este sueño que tenía en el cajón de lo improbable. Elijo Berdún porque allí me reencuentro con Toche Menal, con la que compartí el mundo teatral de Zaragoza hace 40 años alrededor de la Escuela Municipal de Teatro, donde me formé como actriz”, explicó, añadiendo que en el mismo Berdún su amiga y Ángel Vergara pusieron en marcha Casa Chuglar, “un precioso proyecto dedicado a la música tradicional aragonesa”, cuyo mayor “hito anual” es el Festival Arte Sonado.
Su trabajo dirigiendo el centro cultural de Colmenarejo ayudó a “generar una red de artistas para darles visibilidad, elevando la identidad cultural del pueblo y el sentimiento de pertenencia de sus vecinos”. Por entonces, “se realizaban acciones de apoyo a la creación artística como cesiones de espacios de ensayo y taller, y se puso en marcha un programa de residencias artísticas”.
“La experiencia fue muy positiva, por lo que surgió la idea de aunar diferentes lugares de trabajo en un mismo espacio que pueda ser utilizado de manera intensiva, siendo realmente unas experiencias inmersivas”, aseguró Silvia, que en Berdún supo “encontrar una casa perfecta para hacer realidad lo que había imaginado”. Así nació Casa Garcés en “un edificio de 900 metros cuadrados dotado con sala de ensayo, estudios y talleres”.
“Lo que más llena es acompañar a los artistas en su proceso creativo: ser el primer filtro de sus planes, expectativas y avances; asesorar en la búsqueda de mercados o financiación para sacar adelante sus proyectos; buscar mentores especialistas; mediar entre ellos y los habitantes de Berdún y pueblos limítrofes para intercambiar saberes; organizar acciones comunitarias y que las partes colaboren para llegar a un bien común; o gestionar la presentación de sus trabajos”, enumeró, decidida a “poner a su disposición mis capacidades
de gestión y organización, buscando el mayor éxito para su producción artística”.
Como reconoce Silvia, “es mucho más fácil construir algo si ya están puestas las primeras piedras”. En su caso, “fue determinante que Casa Chuglar impulsara una actividad cultural rica, de calidad y desestacionalizada”. “Eso me llevó a elegir Berdún para abrir el centro por el apoyo que ya representaban y por la cantidad de profesionales de la cultura que están a su alrededor”, continuó, recordando que el municipio tuvo una Escuela Internacional de Pintura a principios de los años 70, lo que “ayudó a generar tantas manifestaciones culturales”.
“La identidad cultural de Berdún ha sido producto de la aportación de muchos y es lógico pensar que siga enriqueciéndose”, dijo, satisfecha con las residencias de Macu Benetti y Quim Corvo, que “son los primeros que confiaron en Casa Garcés y entendieron las condiciones que los proyectos deben cumplir”, por lo que “fue un placer recibirles y trabajar conjuntamente”.
“Lo mejor de sus residencias es que conectaron con los vecinos y recogieron sus muestras de apoyo, indicaciones o ayudas, devolviendo todo lo recibido con la presentación de sus obras”.
Macu Benetti hará una segunda residencia de tres semanas “destinada a realizar trabajos colectivos con personas del pueblo que estén interesadas”. En concreto, “se va a hacer un tapiz de los pequeños tesoros descubiertos, empleando el bordado y la estampación”. La idea es que su obra “se quede de manera permanente en el pueblo, igual que el mural que decora el colegio de Berdún, y que se exponga en un lugar público”.
Quim Corvo, que “realizará una exposición con el material recogido y editado, dejó un resumen de los lugares visitados engarzados en un video”. La implicación de la población local “es muy reseñable” en los días vividos con los artistas y en la presentación de sus trabajos.
Casa Garcés fue objeto de una fuerte inversión al renovar la instalación eléctrica y el sistema de saneamiento y fontanería, instalar nuevos baños y aislar acústicamente las paredes. “Los trabajos fueron realizados por profesionales de Berdún, que han hecho un trabajo inmejorable. El mobiliario y los tejidos de la casa se han aprovechado y restaurado para que cumplan su función y que no exista una ruptura entre la arquitectura y los útiles”, explicó, “muy contenta”, ya que “el resultado es magnífico y se conserva la belleza del inmueble, acondicionándolo para que sea útil y adecuado al uso que debe ofrecer”.
Silvia quiere que “el centro esté abierto del 1 de marzo al 30 de noviembre cada año y presentar tres convocatorias trimestrales para organizar los proyectos y ofrecer las mejores condiciones”. Las bases de la próxima convocatoria están “pendientes de confirmar sponsors que puedan financiar parte del coste de los proyectos, ya sea por el valor promocional del arte para la empresa o por el impacto social de la acción artística”.
Su deseo es que Casa Garcés “se consolide el año próximo”, pero cree que “quizá sea aventurarnos demasiado”. “Cada proyecto necesita tiempo para ser conocido y ser un referente. Queda mucho trabajo por hacer”, concluyó, apostando por “buscar alianzas y entidades con las que colaborar para fortalecer el centro a lo largo del tiempo”.
RICARDO GRASA

