En el mes de junio, aproveché para visitar dos residencias madrileñas: una en pleno centro de Madrid y otra en un pueblo de la Sierra Norte.
Junto con Amelie Aranguren visité la residencia Paisanaje, en Ciudad Lineal, que trabajan por la sostenibilidad de lo rural desde la ciudad. Allí conocí a Flavia, de Hablarenarte, otro centro referente de Madrid. Ambas coincidían en la importancia del acompañamiento y la tutorización.
Paisanaje nace del trabajo del equipo de Campo Adentro en el CAR (Centro de Acercamiento a lo Rural) sumado a la unión de otras personas afines de procedencias muy distintas (artistas, comisarias, artesanas, activistas…) Son un grupo de exploración y acción que aborda la crisis ecosocial desde el arte, practicando modos alternativos de imaginación que se alejan del colapso y dibujan otros futuros posibles más esperanzadores. Su objetivo es crear en la ciudad un espacio de acogida y convivencia participativa de todas las formas de vida.
También visité a la asociación Traductores del viento que han rehabilitado y puesto en marcha un centro en la antigua estación de tren de Bustarviejo.
Su propuesta. Se trata de una iniciativa independiente, privada y sin ánimo de lucro. Promueve, desde un marco responsable y permanente, favorecer las experiencias desde los vínculos humanos, entre la ciudad y el entorno natural. Su deseo es contribuir a hacer un mundo un poquito mejor. Es una propuesta transfronteriza, horizontal y abierta, en el sentido amplio de la definición.
En estos encuentros se encuentran muchas claves para construir un espacio, muchos saberes y muchas ayudas.

